Por Angel Torres
Cuando el Yankee Clipper, Joe DiMaggio, se desplazaba con su elegancia característica por el jardín central del antiguo Yankee Stadium de Nueva York, muchos expertos consideraban la terrible tarea que tendría que llevar a cabo quien intentara sustituirlo al momento de su retiro.
El hecho se produjo con el advenimiento del joven, Mickey Mantle, un temible bateador ambidextro con extraordinario poder al bate y una velocidad increíble en el corrido de las bases.
En su inicio el novel Mantle comprobó la presión que representaba jugar en estas condiciones y solamente con su calidad indiscutible salió airoso de la prueba, convirtiéndose a la vez en un “monstruo” del pasatiempo nacional.
Lo mismo ocurrió en la Cuba del Ayer, durante la temporada de 1956-57 con un bisoño pelotero que había debutado en el campeonato anterior con los Tigres del Marianao.
Los antiguos Monjes Grises necesitaban un torpedero y cambiaron al novel Tony Taylor al Club Almendares por José Valdivieso que en aquel entonces estaba con los Senadores de Washington en la Liga Americana y quien no tenia oportunidad con los Azules por la presencia de Willie Miranda en ese equipo.
Tan seguro estaba Monchy de Arcos de las cualidades de Taylor, que cambió a su vez al estelar Héctor Rodríguez a los Rojos del Habana. Aquí mismo surgieron las dificultades para Tony, porque un pelotero de clase B había sido negociado por un pelotero de las Grandes Ligas y con la misión de reemplazar a otro de la misma categoría, que por añadidura era considerado el mejor en la esquina caliente de todos los tiempos en Cuba y un verdadero ídolo de los fanáticos.
Pero el caso de Mantle se repitió en Cuba y poco a poco Taylor se fue granjeando la admiración del respetable, al comprobar la calidad por arrobas que el joven antesalista desplegaba sobre el terreno.
Por esas cosas del destino, tenemos que Valdivieso duró cinco años en las Ligas Mayores y el gran Héctor Rodríguez solo pudo completar la campaña de 1952 con los Medias Blancas de Chicago. En cambio Tony se mantuvo nada menos que 19 años en el Gran Circo.
El bien recordado jugador del Almendares, fue uno de los mejores bateadores en los últimos años de la Liga Cubana, donde conquistó el liderato de los hits y triples en 1957-58 con 83 y 7 respectivamente.
En el torneo siguiente (1958-59) resultó el campeón de los bateadores con .303, siendo el único que logro sobrepasar las tres cifras. Willy Tasby del Habana y John Goryl del Cienfuegos, fueron los que más se le acercaron con .284 de average cada uno.
Finalizó nuevamente al frente en tribeyes en 1959-60 con 5 y repitió en 1960-61 con 6. Durante la campaña de 1960-61, que fue la ultima de la pelota profesional en Cuba, encabezó el circuito robándose 22 bases.
Se inició en la Liga Cubana con el Marianao en 1955-56 (.237, 0, 14) y al año siguiente pasó al Almendares hasta su campaña final en 1960-61. Durante todo ese tiempo sus marcas fueron en 1956-57 (.263, 1, 22); 1957-58 (.311, 5, 28); 1958-59 (.303, 4, 33); 1959-60 (.236, 10, 24) y 1960-61 (.280, 6, 35).
Sus totales en 6 campeonatos: 1460 veces al bate, 402 hits, 26 jonrones, 46 dobles, 33 triples (su especialidad), 53 estafas, 158 carreras empujadas y .275 de promedio ofensivo.
Antonio Nemesio “Tony” Taylor Sánchez, nació el jueves 19 de diciembre de 1935 en el Central Alava en la provincia de Matanzas, Cuba, donde todos lo conocían por el apodo de Agüe.
El Central Alava pertenece al municipio de San José de los Ramos, al igual que Banagüises que es un barrio que también pertenece al municipio de San José de los Ramos.
Por cierto recuerdo que en la década de los años 30 cuando nació Taylor, se jugaba muy buena pelota en el estadio del central Alava. La novena local estaba al campo y había un corredor del equipo visitante anclado en la tercera base, que amenazaba con robarse el plato. El cuadro jugaba un poco adelantado porque igualmente esperaban un toque de plancha y el jardinero central Pepito Alamo se encontraba jugando cerca del cuadro. Inesperadamente atraparon al corredor de la esquina caliente fuera de base, formándose el consiguiente tira-tira. Un alerta Alamo al ver lo que estaba pasando, corrió hacia el plato para asistir en la jugada y como el receptor estaba fuera de posición, fue el encargado de recibir el tiro que puso out al corredor. De ese modo se produjo lo que pudiera ser el único caso en la historia del béisbol, donde un jardinero central logra un out en la goma.
En la Serie del Caribe de 1959 ganada por el Almendares en el Parque de los Chaguaramos de Caracas, Venezuela, le pegó a la canica a un ritmo de .346.
Fue firmado por la organización de los Gigantes de Nueva York en el reclutamiento amateur de 1954, iniciando su carrera en las Ligas Menores con el Texas City- Thibodeaux como antesalista y torpedero en 1954, liderando la Evangeline League en batazos de tres bases con 12. Al año siguiente encabezó la Nothern League en tribeyes y bases robadas. Tras actuaciones en Danville y Dallas fue adquirido por los Cachorros de Chicago de la organización de los Gigantes. Los Lobeznos lo convirtieron en segunda base y debutó con ellos en las Grandes Ligas el 15 de abril de 1958.
En mayo de 1960 fue canjeado a los Filis de Filadelfia junto a Cal Neerman por Don Cardwell y Ed Bouchee, donde jugó por 11 años hasta que fue cambiado a los Tigres de Detroit en junio de 1971. Regresó con los Filis en 1974 por otros tres años hasta el 29 de septiembre de 1976, cuando participó en su último partido de Liga Mayor.
En 1960 participó en los dos Juegos de Estrellas celebrados ese año y disparó un hit en una vez al bate en el segundo encuentro. En el primero salió a correr como emergente. Ambos desafíos representaron victorias para la Nacional de 5-3 y 6-0.
Además de Taylor participaron en ambos partidos, Orlando Cepeda y Roberto Clemente por los Nacionales y Minnie Miñoso, Luis Aparicio, Camilo Pascual y Vic Pellot Power por los Americanos.
En total jugó un total de 19 años en las Grandes Ligas, participando en 2195 encuentros con .261 de promedio ofensivo, incluyendo 298 dobles, 86 triples, 75 cuadrangulares, 1005 carreras anotadas, 598 impulsadas y 234 estafas. Se robó el plato seis veces, pegó su hit numero 2000 el 27 de septiembre de 1975 y se retiró como líder en desafíos participados para una segunda base de los Filis en toda la historia del conjunto.
Después de su retiro permaneció con los Quáqueros, donde inició una carrera como instructor de 1977 a 1979. De 1980 hasta 1987 dirigió equipos en todos los niveles de la organización antes de regresar a los Filis como entrenador en 1987-89. En 1990 fue a trabajar con los Gigantes como instructor de bateadores y jugadores del cuadro en los circuitos Doble y Triple A. En 1993 después de tres años en San Francisco, aceptó el puesto de instructor de Ligas Menores con el equipo de expansión Florida Marlins, en especial por estar mas cerca de su casa en Clearwater, Florida, donde vivía con su esposa e hijos. Posteriormente trabajó por varios años como “coach” de los Marlins.
El sábado 30 de enero de 2010, Taylor participó junto a una constelación de estrellas del pasado, en el juego anual celebrado en Miami, para recaudar fondos para el hospital de niños fundado por Joe DiMaggio y el domingo 7 de marzo de 2010, recibió un reconocimiento por parte del Salón de la Fama del Deporte Cubanos, a donde ya había ingresado con anterioridad.
Hace la friolera de 34 años, el domingo 18 de julio de 1976, le fue ofrecido un homenaje en el Stadium de los Dodgers antes de un sensacional duelo de lanzadores entre el zurdo Sandy Koufax de los Dodgers y Jim Bunning de los Filis, ante una friolera de 52,214 fanáticos.
En ese memorable evento, Taylor fue acompañado al terreno de juego por periodistas y miembros del Club Social y Deportivo de Culver City, California, que incluían a Ulpiano Cos Villa, Pedro Cacheiro, Félix de León, Félix García, Oscar Morales, Saúl Llaneras y quien les escribe.
Esa noche le fue ofrecida una comida en el Club de Culver City organizado por Félix García, donde se le otorgaron numerosas preseas, incluyendo una placa y la bandera cubana.
El momento culminante de Taylor en las Ligas Mayores, aconteció cuando le salvo un juego perfecto a nuestro conocido Jim Bunning el 21 de junio de 1964, con una gran jugada defensiva en la quinta entrada, frente a los Metropolitanos en el Shea Stadium de Nueva York, a quien dejó en ceros por todos lados 6-0.
De ese modo el Congresista y ex lanzador del Marianao en la extinta Liga Cubana de Béisbol Profesional, se convirtió en el primer serpentinero en la era moderna del béisbol, en anotarse partidos sin imparables en ambas Ligas Mayores.
Otro hecho imborrable en la memoria de Taylor se produjo cuando Don Drysdale de los Dodgers de Brooklyn impuso su increíble récord (posteriormente superado por Orel Hershiser), de lanzar seis lechadas consecutivas con 58 2/3 entradas sin permitir anotaciones.
Durante el quinto episodio de ese histórico encuentro, celebrado el 8 de junio de 1968, Drysdale retiró al primer bateador, extendiendo su racha de escones a la cifra antes mencionada. Sin embargo Taylor le conectó un sencillo y avanzó a la tercera base por otro indiscutible del receptor Clay Dalrymple. Entonces le tocó el turno a Howie Bedell como emergente por el pitcher Larry Jackson, quien conectó un flai de sacrificio impulsando a Taylor con la carrera que puso punto final al segundo collar de ceros más largo en la historia de las Grandes Ligas.
Lo irónico y triste para Drysdale, lo constituyó el hecho, que para Bedell que era un jugador de reserva, la carrera remolcada fue la única que logró durante la temporada, donde actuó en solamente en nueve desafíos.
Como dato curioso podemos agregar que en ese partido, Cookie Rojas, jugó la segunda base de los Filis y Tony "El Haitiano" González el jardín izquierdo. Por los Dodgers Zoilo Versalles fue el torpedero y el zurdo Hank Aguirre que había jugado del Almendares al igual que Taylor, fue el relevista de Drysdale. El desafío terminó con anotación de 5-3 y Drysdale fue el ganador con marca de 8-3.
Como colofón a una gran carrera, Taylor ingresó al Salón de la Fama del Béisbol Cubano de Miami en 1983, al Templo de los Inmortales de los Filis en 2002, al Salón de la fama del Deporte Cubano en 2003 y al Hispanic Heritage Baseball Museum el 30 de abril de 2004, en un acto celebrado antes de un juego de los Gigantes en el AT&T Park de San Francisco














