Ante el deseo de protagonismo rápido que padece la humanidad, contrasta el esfuerzo, paciencia, mentalidad e ilusión, de los grandes pintores, cuya labor de vida entera, nos acompaña fija en sus telas espléndidas.
Cuadros increíbles. Muchos logrados tras laboriosos procesos de innovación, necesarios como evolución subsecuente. Así surge, la que su creador, el francés, CLAUDE MONET, denominó como “IMPRESIÓN” bautizando su técnica empleada en su cuadro “Salida de Sol” en exposición, París – 1874.
La misma, la entusiasma inmediatamente a otros pintores que se agrupan, no así a los críticos y público asistente, constituyendo este debut un rotundo fracaso.
No obstante, acogido a la nueva técnica, en asimilación administrativa, tenemos a PIERRE AUGUSTE RENOIR, nacido en Limoges (ciudad de la porcelana) Francia, el 25 de enero de 1841. Su padre, sastre, se establece en la capital en 1845 y hace contacto con una pequeña fábrica de porcelanas en Marais y, es ahí, donde el pequeño niño, Pierre Auguste, obtiene su primer empleo, decorando tazas y platos iniciando su gusto por los colores claros y variados.
Debido a la competencia, la pequeña fábrica cierra; entonces se dedica a pintar abanicos, saliendo también al campo como inspiración. En esos días, conoce a otro pintor que lo introduce a un Grupo de pintores “Realistas” los de BARBIZON.
Con esfuerzo enorme, ahorrando de lo poco que ganaba, logra pagar la Matrícula de la Escuela de Bellas Artes de París. En ella, su Maestro, Gleyre lo requería por su falta de atención, resultando que el joven se marchaba con otros amigos: Monet, Whistler, sisle Bazille, al bosque. El bosque que pintaría tantas veces con sus danzantes muchachas desnudas.
De carácter confiado e independiente, no le importa ser rechazado varias veces para presentar en exposiciones (Salones: 1864-66-67) a pesar de ser recomendado por Daubigny y Corot.
Finalmente es reconocido en 1868 con la satisfacción y éxito. La modelo LISA, hija de su cartero, significó ser la primera encarnación femenina en la pintura de RENOIR, reconocido después y para siempre como “pintor de la Mujer”.
Ya después, pintará a las jóvenes libremente. Alegres, rosadas, desnudas, rodeadas de plantas, flores, con colores maravillosos de primavera, danzando, bañándose en los ríos.
Reconocido, a la cabeza de los IMPRESIONISTAS, viajando constantemente por Italia, Argelia (1881082). En el norte de Africa recibe el impacto del estilo Moro. Exotismo, odaliscas, influyendo principalmente en los tonos.
De nuevo en Francia, su mujer le da el tercer hijo y comienza una colección de bañistas, dejando la técnica impresionista por una nueva pincelada. Anciano, una caída de bicicleta casi le inmoviliza el brazo y, deben atarle el pincel a la mano.
Vive en su casa de Collettes, cerca de Cagnes comprada en 1908. Allí fallece en 1919. Reconocido mundialmente por inconfundible en estilo, deja una obra alegre, joven, colorida, feliz. Eternos días de paseos, meriendas, flores, arroyos, juventud y belleza. Nadie pintó tanto a la Mujer.















