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El Año del Lanzador eclipsa el recuerdo de los esteroides

Al 2010 se le llamó el Año del Pitcher y las pruebas son fehacientes.

Seis juegos sin hits fueron lanzados durante la temporada regular, dos de los cuales con etiqueta de perfectos. La cuenta en realidad debió haber sido de siete y tres, pero el umpire Jim Joyce se lo negó a Armando Galarraga cuando decretó quieto a un corredor que hubiese sido el último out. Por extensión, la culpa también corresponde a los personeros de las Grandes Ligas que neciamente se resisten a emplear el uso del video para evitar tales polémicas.

Hubo alguien que tiró dos juegos sin hits. Ese fue Roy Halladay, con uno perfecto en la campaña regular y luego en su primera salida en un partido de playoffs, para convertirse en el segundo hombre en la historia que lanza un partido sin hits en postemporada desde que Don Larsen lo hiciese en la Serie Mundial de 1956.

También se estableció el mejor porcentaje de carreras limpias permitidas y el promedio de bateo más bajo desde 1992.

La postemporada simplemente sirvió para ratificar la supremacía desde el montículo, con ocho blanqueadas en 32 partidos para igualar el récord previo con la misma cantidad de partidos en 1981, según STATS LLC.

Vaya cambio radical con respecto a la Era de los Esteroides que imperó en las mayores, con juegos que se decidían a
punta de batazos descomunales.

Las atracciones en los estadios ya no son los enormes palos de Barry Bonds, Sammy Sosa y Mark McGwire, sino las joyas de pitcheo de gente como Halladay, Félix Hernández y Tim Lincecum.

Sin timidez para soltar su opinión, Ozzie Guillén fue quien mejor conjeturó sobre el giro.
"Quizás es que se acabaron los esteroides", dijo el manager venezolano de los Medias Blancas durante el curso de la campaña. "Ahora mismo el pitcheo es mucho mejor. Ya lo había dicho hace unos años, el béisbol iba a volver a ser dominado por pitcheo, defensa, velocidad y esas cosas... Creo que muchos equipos ahora son conscientes de que no pueden ganar sin un buen pitcheo", añadió.

"Ustedes dirán que estoy parcializado, pero sólo hay que fijarse en la calidad de lanzadores que hay. Es la mejor que yo haya visto en mucho tiempo", comentó Halladay tras recibir su segundo Cy Young, y primero tras mudarse a la Liga Nacional.

Y es al pitcheo al cual los Giants de San Francisco deben dar las gracias por su primer campeonato de la Serie Mundial desde que la franquicia se fue a California en 1958.

San Francisco se consagró pese a la ausencia en su alineación de un bateador de fuste. Quien acabó como el Jugador Más Valioso fue Edgar Rentería, quien al final de la temporada regular era como un cero a la izquierda en los planes del piloto Bruce Bochy y acabó conectando un jonrón clave ante Cliff Lee en el juego decisivo del duelo contra los Rangers de Texas.

Los Giants apenas batearon para .237 en la postemporada (el promedio más bajo de un campeón desde que los Dodgers registraron .227 en 1988), pero con una efectividad de 2.47 por parte de sus lanzadores se las arreglaron para atrapar un título que en el pasado le había sido esquivo a inmortales de Cooperstown como Willie Mays, Juan Marichal, Orlando Cepeda y Willie McCovey.

Lincecum, Matt Cain, el puertorriqueño Jonathan Sánchez y Madison Bumgarner fueron los cuatro pilares de una rotación que dio la nota por ser la primera en la Serie Mundial formada por el propio equipo desde 1986, cuando los Red Sox emplearon a Roger Clemens, Bruce Hurst, Dennis Boyd y Al Nipper contra los Mets.

Con gente descartada por otros (Cody Ross), bates oportunos (Juan Uribe), un jardinero trotamundos (Andrés Torres),
un relevista que se tiñó la barba (Brian Wilson) y un catcher novato con el nombre llamativo (Buster Posey), los Giants tumbaron primero a Atlanta y luego eliminaron a los superfavoritos Phillies de Filadelfia.

"Algo un poco surreal", declaró el gerente de los Giants Brian Sabean.

2010 fue un año en el que el mundo de las Grandes Ligas dijo adiós a George Steinbrenner, el hombre que adquirió a los Yanquis de Nueva York en 1973 y marcó una época hasta su fallecimiento en julio. Otras figuras que murieron fuero Mike Cuéllar, Ron Santo, José Lima y Ralph Houk.

El gran debate se centró en un premio individual, consolidándose la corriente que para determinar el Cy Young no sólo hay que mirar la cifra de victorias. Fue así que el venezolano Hernández, con foja de 13-12 con los mediocres Mariners de Seattle, pudo obtener el galardón de la Americana al liderar en casi todos los rubros estadísticas, menos en la cuenta de ganados y perdidos.

Josh Hamilton de Texas y Joey Votto de Cincinnati fueron seleccionados como los jugadores más valiosos, el primero coronando una historia de redención tras haber arruinado varios años de su carrera al caer presa de la adicción a las drogas.

La revelación fue el dominicano José Bautista, cuyos 54 jonrones provocaron suspicacias al triturar su mejor cosecha previa de 16. Una y otra vez, el jardinero de los Blue Jays de Toronto insistió que todo fue por un ajuste de mecánica y siempre mencionó que salió negativo en todos los controles antidopaje.

Otro que dio que hablar fue el venezolano Carlos González, quien llegó a coquetear con la Triple Corona y promete mucho más en Colorado.

Posey y el dominicano Neftalí Féliz (Texas) fueron los mejores novatos, el último estableciendo un récord de rescates para un cerrador.

Edwin Rodríguez hizo historia al convertirse en el primer manager de Puerto Rico en las mayores cuando en forma interina tomó las riendas en Florida, donde al final de la campaña fue confirmado para seguir al mando para 2011.

Lo que se avecina son cambios. Alarmado por índices de teleaudiencia a la baja en Estados Unidos, el comisionado Bud Selig quiere retocar el formato de los playoffs y su plan es aumentar la cantidad de equipos en la postemporada, un wild card adicional en cada liga.

La Serie Mundial ya termina en la primera semana de noviembre y, si todo prospera como se espera, prepárase para un desenlace a mediados de ese mes.

Roy Halladay tiró dos juegos sin hits.